Experiencia con microdosis de trufas de psilocibina

Después de leer y escuchar bastante sobre el tema, me decidí a probar las microdosis de trufas mágicas. Desde hace ya muchos años que experimento con todo tipo de hongos mágicos, pero casi siempre con dosis elevadas o heroicas, para experimentar la muerte del ego y abrir portales a otras dimensiones y planos de consciencia.

El trabajo realizado a partir de estas sesiones es extraordinario, impagable. No es de extrañar que los aztecas llamaran  «la carne de los dioses» a estos hongos tan especiales.

Ahora tocaba el turno a unas sesiones más suaves, con trufas, o si nos ponemos más técnicos, esclerocios. Los esclerocios son masas compactas, irregulares y duras que albergan numerosas sustancias de reserva que permiten a los hongos sobrevivir en condiciones adversas y que germinan cuando las condiciones son favorables.

El objetivo es sentir  un efecto «envolvente» a medio-largo plazo, con todas las propiedades que se le suponen al consumo de este tipo de  esclerocios.

¿Cómo se hace la microdosis?

No hay una forma establecida de llevar esta práctica, quiero decir, se puede hacer durante varios meses, unas semanas, y las microdosis pueden ser desde 0,5 a 2 gramos, siempre que sea una dosis que no produzca efectos psicodélicos y teniendo en cuenta la potencia del hongo en cuestión. Por ejemplo, no es lo mismo 0,4 gramos de una psylocibe cubensis que de un esclerocio o trufa.

Suele realizarse en intermedios (1 día si, 2 no, 1 día si, 3 no…) en los que es importante que se realice una pausa entre tomas.

Mi idea era comer 1gr. de trufas al mediodía, 1 día si 2 no, durante el periodo de 2 meses y medio. (Hice un parón entremedio de una semana y media.)

Los consumía crudos, tal cual, de un bocado y con un poco de agua. Se pueden añadir a alguna comida, tipo tortilla, pero en mi caso lo hice así, y aunque no es el mejor sabor del mundo, al ser una dosis tan pequeña, es rápido y no percibes el sabor prácticamente.

Mis sensaciones

Con la primera sesión, no sentí nada, lógicamente, y debía esperar el resultado a más días vista. Fue importante hacer un parón  entremedio de la terapia para poder constatar más los cambios, y al seguir con ella, entender cuanta influencia tenía sobre mi organismo.

Con el paso de las primeras semanas experimenté, sobre todo, un mejor humor en general. Teniendo en cuenta que estaba pasando una mala racha, y que en otra época hubiera tenido un bajón emocional, esta vez la cosa se aguantaba mucho mejor. En cuanto a la concentración y creatividad, no tengo la sensación que hubiera algún cambio significativo. Si que sentía un punto más de energía, que supongo acompañaba al mejor humor, y en general, ese punto más de positivismo para afrontar las rutinas diarias.

Después del parón de unos días entremedio de las 2 sesiones (divididas en 6 tomas – parón – 6 tomas ) pude notar, de nuevo, ese aumento en las «fuerzas para vivir». Suena un poco extremo, pero es para que sea más gráfico. Durante ese parón estuve un poco más apagado, y al retomar la terapia me vine de nuevo arriba.

Es verdad que la ansiedad era mucho menor, que los problemas del día a día podía afrontarlos con más determinación y me sentía más creativo, a diferencia de las primeras semanas, en que no me parecía algo constatable. También debo hablar a nivel físico, ya que he notado un mejor rendimiento deportivo, aunque no se si ha sido coincidencia (me estaba poniendo en forma) o de verdad me ha ayudado a subir ese punto para mejorar mis capacidades.

Después de terminar la terapia estoy haciendo un descanso de unos días. El siguiente paso que quiero hacer es una toma más prolongada y con una dosis un poco más elevada o hacerlo con setas (que tienen una concentración mayor) para poder comparar los resultados y las diferencias significativas que pueda haber, tanto físicas, como emocionales y mentales.

Conclusiones

La verdad es que me ha ido bien, pero necesito una experiencia más prolongada para poder sacar conclusiones más certeras, o al menos, más contrastadas. También es importante remarcar que durante la terapia me he cuidado, quiero decir, que no creo que sirva de mucho hacer microdosing si estás en un espiral de alcohol, malos hábitos y sin ganas de hacer cambios en comportamientos «tóxicos» que rodean tu día a día.

Hay que tener conciencia y no esperar milagros si no pones de tu parte. No se trata de abandonar todos los vicios o malas costumbres, por decirlo así, pero si de intentar llevar un equilibrio en tu vida, igual que dejar aparte los excesos.

Para terminar, quiero hacer referencia al gran Albert Hofmann (conocido por ser el primero en haber sintetizado, ingerido y experimentado los efectos psicotrópicos del LSD). Fue un  “microdoser” habitual, tomando alucinógenos regularmente hasta su muerte a los 102 años. Hofmann atribuía su longevidad y buena salud a la microdosis de diferentes enteógenos y psicodélicos, así como a vivir en un entorno natural, fuera del bullicio de la  ciudad. Eso es, un poco a lo que hacía referencia en el párrafo anterior.

El microdosing es una herramienta fantástica, pero no es milagrosa, debes poner de tu parte, e intentar vivir con menos estrés, más harmonía y evitar los hábitos autodestructivos.

Seguiremos experimentando….

eSe.

 

 

 

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